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Para el 2018, la mitad de los niños menores de 18 años serán étnica y culturalmente diversos; 26% de estos serán hispanos.  Este grupo de jóvenes nos proporciona nuevas necesidades y oportunidades ministeriales. La Rev. Elizabeth Tamez Méndez nos ofrece una conceptualización expansiva del ministerio que toma en cuenta las necesidades centrales de la juventud por medio de una teología práctica integral y holística.


Alcanzando a la siguiente generación - Ministrando a los adolescentes y jóvenes adultos étnica y culturalmente diversos

Por Elizabeth Tamez Mendez                                                                            

Quizás lea el título de este artículo y esté tentado a dar vuelta la página pensando que su congregación o comunidad no es étnica o culturalmente diversa, o que su llamado ministerial no es hacia la juventud. Considere esto antes de dejar de leer: Las proyecciones demográficas señalan a un futuro que pinta una imagen diferente de la presente. Los jóvenes están a la vanguardia de estos cambios demográficos, ¡y las iglesias debemos considerar esta realidad como una a aprovechar! Tenemos una oportunidad única para contribuir al desarrollo saludable y próspero de la juventud mientras los acompañamos hacia un encuentro con Cristo.

            Todos los aspectos de la vida, incluyendo la religión, están siendo reconstruidos y redefinidos por medio de nuevas características raciales, étnicas, y demográficas. Para el año 2043, las "minorías" étnicas y raciales constituirán la mayoría de la población general, dejando atrás la demográfica históricamente hegemónica. Actualmente, las "minorías" representan más de la mitad de la población menor de cinco años, y los hispanos constituyen el 25% de esta. En el 2018, la mitad de los niños menores de 18 años serán "minorías", 26% de estos serán hispanos.[1]

            Con el desarrollo de estos cambios, la religión estadounidense encara nuevas necesidades y oportunidades ante una generación de jóvenes étnica y culturalmente diversa. Para muchos de los grupos que constituyen el aumento demográfico,[2] la religión, la iglesia, y la espiritualidad desempeñan un papel central en la vida. La congregación se considera como familia extendida y es una fuente central de desarrollo y apoyo social. En particular, las familias inmigrantes necesitan apoyo adicional para navegar la experiencia desgastante del desarraigo y reiniciar la vida en un nuevo lugar donde las dinámicas sociales, políticas, culturales y lingüísticas son muy diferentes.[3] Nuestras iglesias tienen una oportunidad única de servir, en particular, a la generación más joven, mientras se adaptan a la vida entre dos culturas y forman su identidad.        

            Sin embargo, las necesidades y los valores particulares de los grupos "minoritarios" hacen necesario reconocer que algunos de los actuales abordes y estrategias para alcanzar y servir a la juventud de la mayoría étnica y cultural, no son pertinentes o eficaces para conectarse con la juventud diversa. Este reconocimiento requiere una conceptualización amplia del ministerio; requiere cambiar nuestro enfoque de estrategias de retención (manteniendo a la juventud en la iglesia), por estrategias de desarrollo (nutriendo al individuo). Al reconsiderar nuestra teología práctica, incorporar principios de desarrollo de la juventud, e integrar algunas ideas ministeriales sencillas, podemos construir un enfoque ministerial que es integral, holístico, y que atienda de mejor manera a las necesidades de los jóvenes diversos.

 

Una conceptualización expansiva

El ministerio no es fácil, y trabajar con la juventud es particularmente exigente. Entre otras cosas, requiere de energía, creatividad, una gran capacidad para conectarse, y ¡conocer las últimas tendencias! Ante este ambiente demandante, ¿cómo puede un líder considerar la posibilidad de incorporar cambios? Un primer paso sencillo es ampliando los conceptos teológicos que informan nuestra práctica.

            Primero, Génesis 1:27-28 y 49:1-28 proporcionan una visión de nuestro trabajo ministerial como un acto de “multiplicación” y “formación” de otros.[4] Las Escrituras revelan el diseño divino de verter la bendición de la herencia espiritual de generación en generación. Esto lo hacemos a través de nuestro ejemplo auténtico, nuestros esfuerzos de mentoría o guía, y nuestro involucramiento en la vida de los jóvenes.

            Segundo, la propia jornada de Jesucristo hacia la madurez reconoce el proceso del desarrollo humano que implica cuerpo, mente, y alma (Lucas 2:52). Cuando una congregación provee para la persona joven entera, esta se convierte en más que un lugar para realizar actividades o asistir. Esta se convierte en una comunidad donde los jóvenes anclan su identidad, echan raíces profundas, y encuentran oportunidades para contribuir.        

            Tercero, el propio ministerio de Jesucristo abordó lo espiritual, físico, social, y emocional, entre otras necesidades (ej. Marcos 2:1-12; Juan 9). Al servir a una persona en tantos aspectos como sea posible, somos capaces de alcanzar una mayor conexión y hacer un impacto duradero. Entre más se conecten los jóvenes, menor será la probabilidad de que se alejen al crecer, y conforme encuentran responsabilidades e intereses que compiten.

            Estos conceptos de teología practica nos liberan a entender que la efectividad ministerial para alcanzar y servir a la juventud, no depende de presupuestos, programas, currículo, ni el estilo de adoración, sino de la capacidad para conectarse con ellos de una manera significativa.[5]

           

Conectándose con las necesidades centrales – Formación de identidad

Al entender y atender a las necesidades de desarrollo de la juventud, encontramos una vía de prácticas ministeriales que nos permiten conectarnos con ellos a un nivel más profundo. Los jóvenes tienen seis necesidades centrales: sentido de seguridad (apoyo psicológico y emocional), sentido de conexión (físico y social), deseo por aprender (cognitivo), identidad (propia, étnica, sexual, etc.), propósito (profundidad, dirección en la vida, contribución, y empoderamiento), y crecimiento espiritual (trascendencia, convicciones, valores).[6] Los jóvenes que reciben más apoyo de los adultos en estas seis áreas principales, son más propensos a reportar que ser religioso o espiritual es muy importante para ellos (79%). También son más propensos a participar en programas o eventos religiosos (87%). Sin embargo, en promedio, los jóvenes encuestados sólo reciben atención y apoyo en aproximadamente la mitad de estas áreas.[7]

            Para los jóvenes, las relaciones (familia, compañeros, mentores) y los contextos sociales (escuela, iglesia, trabajo, medios de comunicación) son de importancia crítica. Las relaciones son clave, ya que de ellas obtienen las directivas para la vida y las indicaciones para formar su auto-concepto. Cuando consideramos el desarrollo juvenil como parte integral de nuestra misión, las preguntas centrales se convierten en, ¿Cómo puedo invertir en ti? ¿Cómo te puedo mostrar mi compromiso y amor? ¿Cómo te puedo modelar mi caminar en la fe en una manera significativa y duradera? ¿Cómo te puedo apoyar para elevarte a alcanzar tu potencial como persona?

Esto es lo que los jóvenes anhelan recibir, y estas necesidades se satisfacen por medio de acciones simples. Nuestro ministerio puede ayudar a que la juventud prospere como personas, brindarles oportunidades para hacer contribuciones importantes en su comunidad, y fomentar sus convicciones de fe.

            Al ministrar a la juventud étnica y culturalmente diversa, debemos tener en cuenta que la más saliente de las seis necesidades centrales, es la constante negociación de su identidad.[8] Se encuentran en un proceso constante de autodescubrimiento y respondiendo a las preguntas: ¿Quién soy? ¿Dónde pertenezco? ¿Dónde está mi lugar en mi familia, escuela, amigos, comunidad, iglesia? Como adolescentes, navegan entre aprender lo que les hace únicos, y el anhelo de "encajar", sentirse aceptado, y ser parte del grupo.[9] Tener las respuestas a su identidad y rol social es un aspecto clave en su desarrollo saludable y sentido de sí mismo.

            Los jóvenes de familias étnica y culturalmente diversas enfrentan un desafío adicional. Deben navegar la dinámica de crecer en una familia y comunidad que les proporciona una herencia cultural, étnica, y lingüística que ahora se fusiona con la cultura dominante. Los jóvenes experimentan una tensión constante entre las presiones de ajustarse a la cultura dominante y la de mantener su cultura y valores heredados. Por ejemplo, la cultura dominante y su cosmovisión enfatizan el enfoque personal y el individualismo, mientras que en su cultura de herencia se destaca a la familia que funciona como una unidad y que hace esfuerzos colectivos. ¿Cómo es que un joven debe negociar estos enfoques, expectativas, y roles por cuenta propia? Además, los mensajes y directivas que los jóvenes diversos reciben de la sociedad a menudo no son alentadores, reafirmantes, inclusivos, ni aprobatorios. Si toma tiempo para escuchar las historias y experiencias de la juventud diversa, encontrará a menudo un sentido de dolor, aislamiento, discriminación, que no encajan, y una imagen degradante de sí mismos.

                  Esta es la intersección donde nuestras iglesias se pueden convertir en un lugar de capital social y espiritual para nuestra juventud. Sus necesidades y puntos de tensión por lo general no se abordan en otros contextos sociales (ej. apoyo académico, asesoramiento profesional). Cuando sus necesidades centrales son abordadas en nuestros ministerios, la obra redentora de Cristo se conecta con ellos -- son capaces de ver la profundidad de Su obra y Su mensaje en todos los ámbitos de la vida. La iglesia puede proveer una comunidad donde son aceptados, amados, encajan con los demás, se les sostiene en alta estima, su herencia étnica y cultural se valora, y se les da intencionadamente el espacio para contribuir de forma activa.[10] Les damos un modelo que les demuestra que su identidad está arraigada en su cultura y en Cristo, y que somos reconciliados con Dios y el uno con el otro (2 Cor. 5:18). Podemos ayudarles a comprender que la fe se desarrolla no sólo como resultado de las prácticas espirituales, si no también viene a través de la experiencia vivida de la vida cotidiana – un proceso y experiencia holísticos.

            Siguiendo el camino marcado por las necesidades centrales de la juventud étnica y culturalmente diversa, encontramos una manera de acompañarlos en su camino hacia la definición de quiénes son, su dirección en la vida, y sus convicciones de fe. Cómo expresó una participante en la Conferencia después de discutir estas dinámicas: “¡Esto suena como una congregación donde todos somos "ministros de jóvenes! Todos tenemos un papel que desempeñar y una forma de contribuir.”

 

Ideas prácticas

Las siguientes estrategias de ministerio conectan los conceptos a la práctica, nutriendo las seis necesidades centrales del desarrollo, con un énfasis en la formación de la identidad. Aquí, abordamos el ministerio desde un punto de vista integral y holístico que alcanza cuerpo, mente, y espíritu, de este modo, sirviendo a los jóvenes espiritualmente, emocionalmente, socialmente, culturalmente, y mentalmente.[11]

 

1. SIENDO MODELOS ESPIRITUALES

-       Fortalecer y honrar las relaciones intergeneracionales, organizando reuniones donde jóvenes y adultos compartan historias personales (testimonios) de la vida y fe.12

-       Haga el proceso interactivo al incluir comida, rituales y visitar lugares clave que inspiren el aprendizaje.

-       También comparta uno-a-uno historias personales acerca de cómo ha puesto su fe en acción, y las formas en que ha sentido la presencia de Dios. Esto ayuda a crecer la sensación de conexión interpersonal.

 

2. CONSTRUYENDO VÍNCULOS MÁS FUERTES

-       Anime a los adultos a llevar a un par de jóvenes a que les acompañes a hacer cosas simples como los mandados. Esto genera el espacio para las conversaciones y dar mentoría.

-       Asista a sus eventos especiales en la escuela para mostrarles apoyo.

-       Pida a los miembros de la congregación que elijan el nombre de uno de los jóvenes y que se comprometan a orar.

-       Organice proyectos de servicio (dentro y fuera de la iglesia), creando equipos intergeneracionales de trabajo.

-       Involucre a la juventud como mentores a los niños más pequeños.

-       Incluya actividades donde las familias puedan interactuar vs. actividades individualistas donde los jóvenes están siempre separados de los adultos en la congregación.

 

3. ATENDIENDO SUS NECESIDADES

-       Entérese de cuáles son las necesidades sociales de los jóvenes en su congregación. Encuentre formas de servirles. ¿Necesitan ayudan con la tarea? ¿Mentoría de trabajo? ¿Guía con el proceso de entrada a la universidad?

-       Tomen el tiempo como congregación para celebrar y afirmar las etapas importantes y los logros de la vida: comienzo del año escolar, exámenes importantes, graduaciones, quinceañeras, un nuevo empleo, etc.      

 

4. RESALTANDO SU IDENTIDAD CULTURAL Y FORTALEZAS PERSONALES

-       Reconozca las ventajas de vivir en "el guión" (entre dos culturas).13

-       Aspire a un ministerio donde la congregación busque navegar y negociar de una manera sana la realidad de las divergentes expresiones y preferencias culturales/lingüísticas que surgen entre los adultos y los jóvenes (ministerio de interconexión). No existe una fórmula para lograr esto, ya que cada congregación es única. Sin embargo, el respeto y la comprensión mutual es fundamental.

-       Aproveche la riqueza de conocimiento y habilidades especiales que la juventud que crece entre dos culturas trae a nuestras congregaciones:

-   Ellos generan un puente para entender y servir de mejor manera a "la otra cultura" dentro de la congregación y fuera en la comunidad.

-   Aprenden a pensar desde múltiples puntos de vista (son traductores culturales).

-   Tienen la capacidad de negociar las múltiples identidades de la fe, etnia, y cultura.

-   Tienden a tener una cosmovisión más amplia y apertura a otros grupos.

 

5. MOVILIZANDO CONTRIBUYENTES ACTIVOS

-       Reciba e incluya a la juventud como parte vital de la congregación, genere un sentido de titularidad y plena participación. Los jóvenes tienen el deseo de desempeñar un papel importante y de ser completamente incluidos – que no sea sólo "la iglesia de mis padres".

-       Cambie la perspectiva cultural que tenemos hacia la juventud. Considere a la juventud como miembros de pleno derecho en la congregación, no como “niños” que tomarán parte activa en el futuro cuando alcancen la adultez.

-       Genere formas de participación activa y colaboración vs. observación pasiva. Tales como ayudar con necesidades de los medios de comunicación, lectura de la Escritura durante el culto, cuestiones de logística, enseñándoles como impartir un curso de Biblia, etc.

-       Los jóvenes tienen mucho que enseñarnos a los adultos. Muestre su disposición de escuchar y observar.

-       Proporcione oportunidades de cultivar y ejercer sus capacidades de liderazgo (hablar en público, guiando grupos, servicio a la comunidad, etc.) pidiéndoles que supervisen proyectos pequeños tales como organizar el próximo evento recreativo.

 

Conclusión

Conforme aumenta la oportunidad y necesidad de servir a los jóvenes étnica y culturalmente diversos, una conceptualización amplia del ministerio nos permite conectarnos con ellos en una manera más profunda. Teniendo en cuenta las necesidades centrales de la juventud, y moviéndose dentro de un marco de la teología práctica que es integral y holística, nuestras congregaciones pueden contribuir hacia el desarrollo saludable y próspero de nuestra juventud, mientras caminamos junto a ellos hacia experimentar un encuentro con Cristo. Adoptando técnicas ministeriales sencillas que no requieren de extenso entrenamiento, herramientas, presupuestos, o planificación, pero que nos permiten ayudar a satisfacer las necesidades centrales de su desarrollo. Todo ello permite que los jóvenes estén en libertad de abrirse a escuchar, aceptar, y apropiarse de la vida espiritual. Usted también estará listo para acompañar a los jóvenes conforme crecen y ponen en práctica sus convicciones.

 

NOTAS

1. William H. Frey, Brooklings Institution Analysis of US Census Bureau population projections report released December 12, 2012 based on 2010 US Census.

2. Sikkink, David, & Hernández, Edwin I. (2003). Religion Matters: Predicting Schooling Success. Institute for Latino Studies, 2003.

3. Martinez, J.F. (2008). Walk with the people: Latino ministry in the United States. Nashville, TN: Abingdon Press.

4. Park, M. S.; Rah, S.; Tizon, A. (Ed.). (2012). Honoring the generations: Learning with Asian North American congregations. Valley Forge, PA: Judson Press.

5. Los programas, currículo, estilos, y presupuestos tienen un lugar valioso en el ministerio. El punto aquí es que éstos deben tomar un lugar secundario en nuestro enfoque ministerial y esfuerzos. El enfoque está en crear conexiones profundas con la juventud y atender a sus necesidades centrales. También tenemos que considerar que muchas de las respuestas que recibimos actualmente por medio de programas y currículo, no son muy apropiadas para la nueva dinámica étnica y culturalmente diversa y las realidades que enfrentamos. Las respuestas aún no están completamente a nuestro alcance, las estamos co-creando conforme navegamos el proceso y aumenta nuestro entendimiento de los contextos diversos en los que nos manejamos.

6. Nakkula, M.J.; Toshalis, E. (2006). Understanding youth: Adolescent development for educators. Cambridge, MA: Hardvard Education Press.

7. Search Institute. Survey study in 2003 of almost 150,000 young people in grades 6-12 throughout the United States.

8. Smokowski, P. R., & Bacallao, M. (2011). Becoming bicultural: Risk, resilience, and Latino youth. New York, NY: NYU Press.

9. Nakkula, M.J.; Toshalis, E. (2006). Understanding youth: Adolescent development for educators. Cambridge, MA: Hardvard Education Press.

10. Seefeldt, G.A. & Roehlkepartain, E.C. (2005). Tapping the potential: Discovering congregation’s role in building assets in youth. Minneapolis, MN: Search Institute.

11. Roehlkepartain, J.L. & Conway, J. (2007). Get on Board! Presentations and activities for introducing asset building in congregations. Minneapolis, MN: Search Institute.

12. Belmonte-Stephens, A., & Jao, G. (2015). Nurturing the Next Generation. Common Ground Journal, 12(1), 75-82.

 13. Ibid.

Lecturas recomendadas

Baker, D. G. (Ed.). (2010). Greenhouses of hope: Congregations growing young leaders who will change the world. Herndon, VA: The Alban Institute.

Dunn, R. R., & Senter III, M. H. (1997). Reaching a generation for Christ: A comprehensive guide to youth ministry. Chapter 18: How do we minister to youth in ethnic communities? Chicago, ILL.: Moody Press.

Tetz, M., & Hopkins, G. L. (2004). We can keep them in the church: How to love our children so they won't leave: Success stories and ideas that really work. Nampa, ID: Pacific Press.

 

Johnson-Mondragón, K. (Ed.). (2007). Pathways of hope and faith among Hispanic teens: Pastoral reflections and strategies inspired by the National Study of Youth and Religion. Stockton, CA: Instituto Fe y Vida.

 

Lee, J., & Zhou, M. (Eds.). (2004). Asian American youth: Culture, identity and ethnicity. New York, NY: Routledge.




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